Violencia
intrafamiliar
La violencia doméstica, violencia familiar
o violencia intrafamiliar es todo patrón de conducta asociado a una situación
de ejercicio desigual de poder que se manifieste en el uso de la violencia
física, psicológica, patrimonial y/o económica y sexual1 .comprende todos
aquellos actos violentos, desde el empleo de la fuerza física, hasta el
hostigamiento, acoso o la intimidación, que se producen en el seno de un hogar
y que perpetra, por lo menos, a un miembro de la familia contra algún otro
familiar.2 El término incluye una amplia variedad de fenómenos, entre los que
se encuentran algunos componentes de la violencia contra las mujeres, violencia
contra el hombre, maltrato infantil, o padres de ambos sexos.
Violencia contra
los ancianos
El síndrome de la abuela esclava es otra
forma de maltrato frecuente en el siglo XXI,
descrito sobre todo en países hispanoamericanos,
que afecta a mujeres adultas con gran carga familiar, voluntariamente aceptada
durante muchos años, pero que al avanzar la edad se torna excesiva. Si la mujer no expresa claramente su agotamiento (o lo oculta),
y sus hijos no lo aprecian y le ponen remedio, la sobrecarga inadecuada provoca
o agrava diversas enfermedades comunes: hipertensión arterial, diabetes,
cefaleas, depresión, ansiedad y artritis. Estas manifestaciones no curan
adecuadamente si no se reduce apropiadamente la sobrecarga excesiva.
Ocasionalmente puede provocar suicidios, activos o pasivos
Los niños que suelen estar presentes
durante la violencia y los que presencian pueden sufrir problemas emocionales y
de comportamiento. Los investigadores indican que la violencia en la familia a
los niños le afecta en tres maneras: en la salud, educación y el uso de violencia
en su propia vida. Se ha comprobado que los niños que presencia la violencia
manifiestan un grado mayor de depresión, ansiedad, síntomas de trauma y
problema de temperamentos.
Violencia contra la
mujer
es un hecho conocido
desde la antigüedad y reconocido como un problema social. Las Naciones Unidas
en su 85ª sesión plenaria, el 20 de diciembre de 1993, ratificó la Declaración
sobre la eliminación de la violencia contra la mujer, donde se afirma que esta
violencia es un grave atentado a los derechos humanos de la mujer y de la niña.
En el artículo 1 define la violencia contra
la mujer:
Los actos de violencia se producen en la
familia, en la comunidad y en el Estado.1 Estos actos presentan numerosas
facetas que van desde la discriminación y el menosprecio hasta la agresión
física o psicológica y el asesinato.
Las Naciones Unidas, en 1999, a propuesta
de la República Dominicana con el apoyo de 60 países más, aprobó declarar el 25
de noviembre Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la
Mujer. En Canadá se celebra el Día nacional del recuerdo por las víctimas de la
violencia contra la mujer el 6 de diciembre, en conmemoración de la masacre de
la Escuela Politécnica de Montreal.
Violencia contra la
mujer en la familia
La violencia contra la mujer comienza en la
infancia y es en la familia donde principalmente se ejerce esa violencia. La
infancia es especialmente vulnerable a la violencia y la niña sufre un plus
añadido por su condición femenina. A la ablación, generalizada en determinadas
comunidades e ineludiblemente ligada al sexo femenino, el comercio sexual que
puede arrancar ya en el seno de la familia con la venta de la niña, o el
infanticidio y los abusos sexuales, más frecuentemente ligados al sexo
femenino, se une una más estricta autoridad paterna, ejercida también por
hermanos, y una educación discriminatoria que limita sus expectativas vitales.
El infanticidio femenino es habitual en
determinadas culturas. «En la India la proporción entre hombres y mujeres es la
más desigual del mundo».24 En Pakistán y Bangladesh existen parecidos
desequilibrios y en regiones de China el infanticidio femenino está
generalizado. Una percepción de la mujer devaluada, costumbres
discriminatorias, considerar la educación de las niñas como una carga y los
deseos del padre de perpetuar el apellido mediante un varón serían las causas
de estos infanticidios. «En algunas zonas de Pakistán –y también en el vecino
Afganistán- el nacimiento de una niña va acompañado de ritos de duelo».25 En
China, la imposición del «hijo único» en 1978, en un país con una marcada y
ancestral preferencia por la descendencia masculina, multiplicó este tipo de
infanticidios.26 En la actualidad, la posibilidad de detectar el sexo durante
el embarazo ha venido a agravar el problema con abortos selectivos.
Más del 80% de las violaciones las
perpetran miembros de la familia de la víctima, y mayoritariamente a edades muy
tempranas, cuando esta no pasa de ser una niña. Padres, abuelos, tíos, adultos
en los que ella confía pasan a ser sus agresores. Este es un problema mundial
que en muchas ocasiones no trasciende más allá de los límites de la propia
familia, la niña sufre la violencia en silencio, avergonzada y con sentimientos
de culpa.27
La venta de niñas sería otra violencia
sufrida por la mujer en la infancia y en la familia. Estas ventas pueden tener
diversas finalidades, pero el lucrativo negocio de la prostitución, las
enfermizas inclinaciones sexuales de clientes, unido a la miseria en la que se
ven sumidas muchas familias han extendido el comercio de niñas, menores de diez
años en muchos casos, destinadas a la explotación sexual.27 Podríamos decir que
es un problema limitado a determinados países no occidentales, pero es
Occidente desde donde parten los clientes en un «turismo sexual» que está
adquiriendo auge. «El llamado "turismo sexual" es una de las formas
contemporáneas del saqueo al que viven sometidos los países pobres. […] Según
la UNICEF existen en torno a doscientos mil adeptos del turismo sexual» (cuatro
de cada diez turistas que visitan Tailandia lo hacen solos).28
A estas violencias, aún habría que sumar
otras muchas de menor carácter que irían desde un mayor autoritarismo paterno y
familiar, a los matrimonios forzosos. La violencia ejercida contra la mujer,
sea cual sea su naturaleza, tiene como marco preferente la familia.
Violencia contra la
mujer en la pareja
La violencia contra la
mujer por parte de su pareja o ex-pareja está generalizada en el mundo dándose
en todos los grupos sociales independientemente de su nivel económico, cultural
o cualquier otra consideración. Aun siendo de difícil cuantificación, dado que
no todos los casos trascienden más allá del ámbito de la pareja, se supone que
un elevado número de mujeres sufren o han sufrido este tipo de violencia.
Estudios realizados en países por desarrollar arrojan una cifra de maltrato en
torno al 20%, encontrándose los índices más bajos en países de Europa, en
Estados Unidos, Canadá, Australia y Japón con cifras en torno al 3%.[30]
«Es un hecho que en una relación de pareja
la interacción entre sus miembros adopta formas agresivas». En todas las
relaciones humanas surgen conflictos y en las relaciones de pareja también. Las
discusiones, incluso discusiones acaloradas, pueden formar parte de la relación
de pareja. En relaciones de pareja conflictivas pueden surgir peleas y llegar a
la agresión física entre ambos. Esto, que podría alcanzar cotas de violencia
que serían censurables y perseguibles, formaría parte de las dificultades a las
que se enfrentan las parejas. El maltrato nada tiene que ver con esto; en el
maltrato el agresor siempre es el mismo: «Por definición, el conflicto es una
modalidad relacional que implica reciprocidad y es susceptible de provocar un
cambio. Por el contrario, el maltrato, aunque adopte las mismas formas
–agresiones verbales y físicas-, es unilateral, siempre es la misma persona la
que recibe los golpes».[31]
Las cifras de mujeres víctimas de violencia
familiar llevada a cabo por quien sea o haya sido la pareja de la mujer,
requiere especial dramatismo en el ámbito de la pareja y doméstico: anualmente
decenas o cientos de mujeres son asesinadas a manos de sus parejas en
diferentes países del mundo.[32]
En la pareja el maltrato es
mayoritariamente ejercido por él contra ella. Tiene unas causas específicas:
los intentos del hombre por dominar a la mujer, la baja estima que determinados
hombres tienen de las mujeres; causas que conducen a procurar instaurar una
relación de dominio mediante desprecios, amenazas y golpes.
Los rasgos más visibles del maltrato son
las palizas y los asesinatos, son los que trascienden del ámbito de la pareja;
sin embargo, los maltratos de «baja intensidad», los maltratos psíquicos que
mantenidos en el tiempo socavan la autoestima de la mujer, son los que
mayoritariamente se dan.[33]
Cuando trasciende un caso de maltratos, la mujer puede llevar años
sufriéndolos. Y si los maltratos pueden producirse en cualquier etapa de la
historia de la pareja, es en el momento de la ruptura y tras esta, si se
produce, cuando llegan a exacerbarse.
Es frecuente tratar el tema de los
maltratos como casos individuales, los maltratadores sufrirían una suerte de
trastornos que les conducirían a maltratar a la mujer y a agredirlas, en su
fragilidad, a recibir esos maltratos. Esta sería una visión del problema
tranquilizadora que no pondría en cuestión el modelo patriarcal.
Violencia contra
los niños
La detección del niño
expuesto a violencia doméstica puede llegar por diversos caminos; el más común
de ellos es que la madre haya hecho una consulta y revele la situación. El
problema también puede salir a la luz porque otro profesional, como el pediatra
o profesor lo haya detectado, o porque el propio niño lo verbalice.
En preescolares, la exposición a violencia
doméstica se asocia a irritabilidad excesiva, regresión en el lenguaje y control
de esfínteres, problemas de sueño (insomnio, sonambulismo), ansiedad de
separación, dificultades en el desarrollo normal de la autoconfianza y de
posteriores conductas de exploración, relacionadas todas ellas con la autonomía
(Osofsky, 1999). Los síntomas de Trastorno por Estrés Postraumático (TEPT),
como reexperiencia repetida del evento traumático, evitación, y aumento del
“arousal”, también están presentes en niños pequeños.
En la etapa preescolar se suele contar con
la información de la madre o de otros adultos significativos. El
ChildBehaviourChecklist (CBCL1½-5 y TRF1½-5; Achenbach y Rescorla, 2001),
contestado por la madre o por los profesores, permiten obtener un perfil
sintomatológico general de los problemas conductuales y emocionales de los
niños de estas edades.
El cuestionario Interactivo Gabi
(adaptación al español de DominicInteractive; Valla, Bergeron, y Smolla, 2000)
es un autoinforme de cribado de sintomatología psicopatológica para niños de 6
a 11 años. Se presenta en formato audiovisual con dibujos sobre un niño o una
niña llamados Gabi. Cada ítem describe una situación que le sucede al personaje
y el niño debe contestar si le sucede lo mismo a él. Se evalúan 8 escalas
(fobias específicas, ansiedad de separación, ansiedad generalizada, depresión/
distimia, oposición, problemas de conducta, déficit de atención/hiperactividad
y puntos fuertes/capacidades).
Los niños en edad escolar muestran síntomas
de ansiedad, depresión, conducta agresiva y estrés postraumático, así como
otros problemas asociados como dificultades para dormir, concentrarse y para
afrontar las peculiaridades de su entorno. Sus actitudes, competencia social y
su funcionamiento escolar se ven afectados y, a medida que crecen, tienen mayor
riesgo de presentar fracaso escolar, cometer actos vandálicos y presentar
psicopatología, incluyendo abuso de sustancias (Osofsky, 1999). Los
adolescentes que son testigos de violencia doméstica presentan mayores índices
de implicación en actos criminales (Fagan, 2003) y tienden a justificar el uso
de la violencia en sus relaciones amorosas (Lichter y McCloskey, 2004).
Violencia contra el
hombre
La violencia contra el varón[1][2][3]
—o violencia contra los hombres—[4]
es una expresión utilizada por algunos investigadores para aglutinar a diversos
fenómenos de violencia contra este grupo de personas en varios contextos, entre
los que se encuentran la violencia intrafamiliar, violencia en el noviazgo, violencia de género, violencia
infantil, entre otras.[5][6][7][8][9]
Uno de los primeros estudios donde se
abordó la violencia contra el varón fue el realizado por Suzanne K. Steinmetz a
mediados de la década de 1970,101 102 41 donde propuso el concepto «Síndrome
del esposo golpeado» tras publicar en la revista «Victimology» de 1977 el
artículo «TheBatteredHusbandSyndrome». Esta investigadora afirmaba que el
número de amenazas de violencia de las esposas contra los esposos excede en un
20% el de los esposos y llegaba a la conclusión de que las mujeres tienen más
intencionalidad de violencia que los varones pero no pueden llevarla a cabo.
Realizó este estudio sobre 57 familias residentes en New Castle County,
Delaware, Estados Unidos. El resultado fue que un 93% de las personas
utilizaban agresiones verbales y un 60% agresiones físicas, como arrojar
objetos o empujar al otro, para resolver conflictos maritales. Mientras el 39%
de los maridos arrojaban objetos, el 37% de las mujeres lo hacían. Los esposos
en un 31% empujaban o tomaban por la fuerza a su esposa contra un 22% de las
esposas. Steinmetz llega a la conclusión de que la violencia es recíproca entre
esposos y esposas, que la intencionalidad es la misma en varones que en mujeres
y que las mujeres son más proclives a iniciar la pelea.103
Violencia contra el
hombre en la pareja
La violencia contra el hombre —en el
contexto de la violencia doméstica— se refiere a aquellas acciones violentas
donde el rol de agresor [cita requerida] es tomado por la
mujer en las parejas heterosexuales o bien, por el varón en aquellas parejas de
carácter homosexual. Esta violencia presenta numerosas facetas que van desde el
sexismo inverso [cita requerida] hasta la
discriminación y el menosprecio, la agresión física y psicológica.
En otro estudio con estudiantes
universitarios Suzanne Steinmetz les pidió que rellenen un cuestionario sobre
las modalidades de resolución de conflictos en su familia. El resultado fue que
el 95% de las personas, sean varones o mujeres indistintamente, utilizaban los
insultos y las agresiones verbales, mientras que el 30% practicaba agresiones
físicas como arrojar objetos o empujar al otro o tratar de golpearlo.
Los argumentos de Suzanne Steinmetz han
sido apoyados y criticados total o parcialmente por numerosos
investigadores;104 41 105 106 ello no sólo ha llevado a que algunos utilicen el
apelativo de «mito del síndrome del esposo golpeado»,107 sino que ha incitado
el debate sobre la simetría de género.
Que buen trabajo me sirvió de mucha ayuda pero para ti que es la violencia intrafamiliar
ResponderEliminarEs el uso de la violencia física, psicológica, patrimonial y económica y sexual
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